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El «saco»

Nuestra protesta del saco, además de sus ecos, suscitó algunos debates.

Miembros de la Unión de la Juventud de Turquía poniendo un saco en la cabeza de un marinero estadounidense
Miembros de la Unión de la Juventud de Turquía poniendo un saco en la cabeza de un marinero estadounidense

Nuestra protesta del saco, además de sus ecos, suscitó algunos debates. Es necesario examinar con detenimiento las objeciones sobre el método y el destinatario de la acción, porque el tema de la discusión no se refiere solo a esta acción, sino que es una perspectiva con la que podemos volver a encontrarnos en el futuro.

¿Es la acción mencionada una protesta democrática? ¿O incluye violencia?

A lo largo de la historia, para protegerse de las acciones que se oponen a su existencia, ya sea de forma simbólica o funcional, el sistema les ha colgado etiquetas como vandalismo o terrorismo. A Mustafa Kemal se le calificó de rebelde, y a Deniz Gezmiş y sus compañeros se les declaró terroristas. Porque sus programas, sus reivindicaciones y su práctica son radicales.

Sin ninguna duda, nuestra acción fue una protesta radical. Sin embargo, lo radical es el contenido de la acción más que su método. Lo que molestó de esta acción, dirigida contra la presencia militar y política de los Estados Unidos de América, es su contenido político. Además, la acción también incluye un método radical. Arrojar pintura o poner bolsas de plástico en la cabeza de las personas no son métodos que utilicemos todos los días, todo el tiempo. Sin embargo, es importante recordar que lo que define el carácter del método son los millones de personas que el Ejército de EE. UU. ha masacrado y ultrajado, y las guerras civiles que el Ejército de EE. UU. provoca en Oriente Medio y en todo el mundo. Por supuesto, una acción dirigida contra la banda de asesinos más grande y más sanguinaria del mundo utilizará métodos más contundentes y precisos. Tenemos que recordar a quienes se sienten molestos por las imágenes de la acción por motivos estéticos: el dolor y el estallido de ira que esta provoca en el mundo no son estéticos. De hecho, no hubo ningún intento de dañar la salud de los soldados. En cuanto al trauma y el miedo que vivieron, pueden contarlos como el pago por sus crímenes.

¿El destinatario de la acción era el «pobre» soldado estadounidense en su día libre?

Sí. Las elecciones conllevan responsabilidades morales y políticas. Se dijo lo «pobres» que eran los soldados, que intentaban vivir mejor y que quizá quieren enviar a sus hijos a la universidad. Hoy, sea cual sea su motivo, no pueden escapar de la responsabilidad de ser personal a sueldo de la mayor banda de criminales del mundo.

Es ese «pobre» soldado quien apretó el gatillo en Irak. Es, de nuevo, el mismo «pobre» soldado quien proporciona inteligencia al Ejército de Liberación Sirio en Siria. Él es el torturador de Guantánamo. Incluso el personal de oficina que proporciona información mediante drones de combate no es diferente de los pilotos de los bombardeos.

Si lo que está en cuestión es la conciencia, ¿a qué conciencia apela deducir que ser miembro de la mayor banda de criminales del mundo no conlleva ninguna responsabilidad?

Esta gente tiene que ver que ganar 30.000 dólares por alistarse en el Ejército de EE. UU. no compensa ser responsable de todos esos crímenes. No basta con hablar de ello. No se puede convencer a esa gente de que deje de hacer lo que hace con la mera comunicación.

Hay que incomodarlos, hay que reducir su zona de confort. Hay que hacer que este «trabajo» les resulte más sombrío y temible.

Hay que saludar a quienes luchan en el Líbano y a los niños de la Intifada palestina.

Hay que darles valor y esperanza a ellos y al pueblo turco, cuya dignidad es pisoteada todos los días.

En resumen, hay que poner esa bolsa de plástico.

Uğur Aytaç

Miembro del Comité Ejecutivo General

Unión de la Juventud de Turquía

Fuente: wayouthunion.com

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